La hija del coleccionista

La Fuerza es fuerte en la familia de un nuevo autor de Star Wars.

Me gusta decirle a las personas que provengo de una familia de coleccionistas. Mi mamá colecciona estrellas y moldes de chocolate, mi hermana coleccionó teteras una vez y mi hermano tenía tantos automóviles de juguete que no sabía qué hacer con ellos. Yo coleccionaba figuras de porcelana de Beatrix Potter, lo que en realidad dice mucho sobre mí: una niña que colecciona cosas para admirar y no para jugar. Mi papá también tuvo sus fases. Creo que es solo una necesidad intuitiva de completar un juego de algo, un tic obsesivo que se hereda en las familias a través de generaciones.

Es por eso que mamá debería haber sabido que no era buena idea llevar a casa esos juguetes de plástico de Star Wars al regresar de un viaje a Boston para ver a la familia. Ella rió al darle a mi papá una figura de un guardia gamorrean.

“¿Recuerdas que te compré una de estas cuando empezamos a salir?” Preguntó mamá. (Todavía no puedo decidir si eso es lo más o lo menos romántico que puede hacer una novia al empezar la relación, pero por lo visto ayudó a cerrar el trato). “Las figuras eran tan baratas entonces. Quien me la vendió en la tienda me dijo que algunas de ellas podían valer ahora cientos de dólares”.

“Eso es increíble”, dijo papá, sopesando cuidadosamente la figura verde que tenía en la mano.

Su vida como coleccionista de Star Wars empezó tanto de forma repentina como con toda naturalidad. Un fin de semana fuimos a una tienda de antigüedades local, posiblemente una de las actividades más aburridas para cualquier niño de tres, cinco y siete años de edad. En vez de ver las lámparas como mi mamá esperaba, papá se dirigió hacia una exhibición de figuras pequeñas de porcelana, específicamente piezas de Star Wars Sigma: una bandeja de lápices de C-3PO, una alcancía de Chewbacca, una pequeña estatua de Bib Fortuna, todo lo que se te pueda ocurrir. Cuando mamá preguntó qué iba a hacer papá con una figura de cerámica de Wicket el Ewok de 1983, él solo encogió los hombros y dijo, “voy a construir una exhibición en el escritorio de casa”.

Efectivamente, lo hizo. Estantes y más estantes. Le encargó a mamá que le hiciera unas cortinas para su oficina con unas sábanas viejas de Star Wars para ayudar a proteger su incipiente colección contra el despiadado sol de Arizona. Casualmente, esto fue alrededor del momento en que Kenner lanzó una nueva línea de figuras de acción de Star Wars, la línea del Poder de la Fuerza, recordada con cariño por los cuerpos estéticos y musculosos que incluían hasta a la Princesa Leia. Nuestros fines de semana se convirtieron en rutina: visitas a mercados y tiendas de antigüedades, viajes a Target, Walmart y Toys ‘R’ Us donde mi papá ya se tuteaba con los gerentes de las tiendas y le permitían entrar a las áreas de depósito para sacar cualquier figura nueva que necesitara.

Hay distintas clases de coleccionistas: los que escogen lo que quieren y se enfocan en un tipo de producto como posters o figuras y los “completistas”, que desean todo. Papá empezó como los del segundo grupo y poco a poco retrocedió para ser como los primeros cuando se dio cuenta que no había ninguna forma de mantener el ritmo con la afluencia de juguetes nuevos, especialmente cuando se anunciaron las películas de las precuelas. Se decidió por una meta algo razonable de coleccionar los juguetes clásicos y los posters tanto locales como internacionales, los que almacenó cuidadosamente en estuches plásticos o detrás de vidrio protegido contra rayos ultravioleta. Arregló meticulosamente el escritorio en casa para maximizar la experiencia de los recorridos que después daría a cada uno de los miembros de la familia y a cualquiera de nuestros amigos que se atrevieran a visitar la casa en las siguientes dos décadas.

Alexandra Bracken

Yo tenía 10 años de edad cuando fui a mi primera convención de Star Wars. Se realizó localmente en Arizona, patrocinada por una tienda de juguetes independiente (ahora llamada Toy Anxiety) a la que papá empezó a frecuentar. Ron, el propietario de esta tienda, una vez me dijo bromeando que marcaba sus años al ver cuánto habían crecido los chicos Bracken desde que éramos aquellos niños entusiastas con extremidades largas.

Para papá, los sábados llegaron a ser el “Día de la tienda de Ron”. Se reunía con sus amigos en la tienda de Ron. Se juntaban alrededor del mostrador estableciendo un vínculo especial mientras se maravillaban con los nuevos hallazgos. En ciertas piezas se permitía el derecho de presumir. Jawa con Capa de Vinil, Boba Fett con disparador de cohetes, Cara de Yak, Snaggletooth Azul por el lado de las figuras en blíster, posters de las películas fuera de lo común y extranjeros, naves y conjuntos de juego todavía en su empaque original con la cinta de sellado sin romper. Tener uno era como una medalla de honor. Son símbolos de las prolongadas búsquedas y el esfuerzo que pones en la cacería.

Alexandra Bracken as Princess Leia

Pasaron los años, vinieron las precuelas y se anunciaron más convenciones. Primero, fue Celebration I, un evento lejano en mi mente, luego Celebration II y III en Indianapolis (mis recuerdos de estas convenciones se han difuminado para volverse una interminable espera en fila, afuera en el frío helado, para entrar en la tienda Celebración al abrir), Celebration IV en Los Ángeles, Celebration V en Orlando.

Una de las cosas que te impresionan cuando vas a una de estas convenciones es cómo están todos delirantes de felicidad por estar ahí. Con frecuencia digo que la gente de Star Wars es mi gente, o por lo menos lo que espero ser: eternamente paciente frente a tener que esperar en fila para esperar de nuevo en otra fila, divertidos, creativos y apasionados. Llevan en ellos ese sentimiento perfecto y cristalizado de asombro que tuvieron la primera vez que vieron las películas. Desean conservar ese sentimiento y reproducir la misma experiencia para sus propios hijos y nietos. La comunidad de fans es una de las muchas razones por las que creo que la saga se ha convertido en un tipo de reliquia de familia. Se ha formado una familia alrededor de la historia del encuentro de una familia ficticia y en realidad es algo realmente bello.

Alexandra Bracken and family at Star Wars Celebration

Mi papá falleció el lunes después de Pascua en el 2012, temprano en la mañana, debido a complicaciones del cáncer que había estado combatiendo durante meses. Todos sus amigos coleccionistas vinieron al funeral. Ron habló y dulce y suavemente nos regañó en nombre de mi papá por tener expuesta al sol la figura de acción personalizada que habíamos mandado a hacer con el parecido de papá para su cumpleaños 50 pues su blíster (la burbuja que contiene la figura) se podía deformar con el calor. Mamá había arreglado anticipadamente con el gaitero que tocara el tema de Star Wars para cerciorarse de que los invitados se rieran por lo menos una vez. Lo había llamado días antes del servicio, mientras yo me encontraba en línea cancelando la reservación de hotel y los gafetes para Celebration VI, y su respuesta cuando le preguntó si conocía el tema musical fue muy directa, “Por supuesto. Es muy popular en las bodas”. Esa fue la primera vez que reí en muchos días.

Había tenido el privilegio de no conocer las lamentables tareas y pequeños dolores de corazón que acompañan la muerte en la época moderna. Para asegurarme de que mamá no tuviera que hacerlo, borré todas las grabaciones programadas en el DVR, establecí su cuenta de correo electrónico para reenviar y cancelé su número de teléfono y las ofertas que había hecho días antes en eBay para los artículos conmemorativos que todavía estaba tratando de encontrar.

En nuestro caso, había algo más que procesar: su enorme colección de Star Wars, recolectada cuidadosamente y cultivada con tanto amor. La verdad es que en estos últimos tres años nos ha costado decidir qué es lo que exactamente vamos a hacer con ella. Un año después, hasta dos, todavía era demasiado pronto hasta para pensarlo. Se vislumbraba más grande cada nuevo día que estaba ahí y nosotros vergonzosamente la dejamos llenarse de polvo con nuestra falta de decisión.

Mi papá no era su colección. No formaba todo lo que era él, ni siquiera la totalidad de sus intereses. Sin embargo, ha sido un desenredar doloroso y la idea de desmantelar su colección se sentía tan definitiva como su muerte. Alguna parte de mí se sentía irracionalmente aterrorizada de que de alguna manera mi primer recuerdo de ver con él Una Nueva Esperanza se dispersaría junto con ella. Estaba segura de que perdería mi relación con esta comunidad, esta familia internacional de fans.

Star Wars: A New Hope - The Princess, The Scoundrel, and the Farm Boy

El verano pasado recibí inesperadamente la llamada de escribir una adaptación de Una Nueva Esperanza para el lector joven y casi contesté un “¡No!” llena de pánico. Yo crecí leyendo cada libro de Star Wars que podía conseguir y, en ese momento, estaba segura de que nunca iba poder estar a la altura de los estándares que me habría exigido para hacerlo bien. Fue al día siguiente, después de hablarlo con mi familia, que me di cuenta de que ese miedo radicaba en otro: tener que enfrentar Star Wars y, por lo tanto, la muerte de mi papá.

Así que acepté, porque resulta que 23 años de amor pueden superar hasta el miedo más doloroso y tímido. Imaginen mi sorpresa cuando al volver a ver las películas y meterme de lleno en esta galaxia descubrí que no era doloroso. De hecho, me hizo sentir todo lo contrario: cerca de él.

Sentí lo mismo este último mes de abril en Celebration en Anaheim al regresar al mundo en el que había crecido. Papá habría estado ahí en la primera fila de nuestro panel, haciéndome gestos con la cara, tomando 10,000 fotos para enviar a casa. Tal vez estaba ahí, porque así como sentí profundamente su ausencia, también sentí su presencia. Y no estaba apegada a ninguna pieza coleccionable, ni a nada que se encontraba en aquella oficina, sino al sentimiento de estar conectado de nuevo con ese gran montón de gente que ama la misma historia y personajes que yo amo.

Llámenlo fe, pero yo quisiera pensar en ello como el poder de la Fuerza.

Alexandra Bracken es la autora de Star Wars: Una Nueva Esperanza — La princesa, el canalla y el granjero, así como de la saga Mentes Poderosas. Ama Star Wars, el rock clásico y a los caballeros del siglo XVIII. Cuando no está escribiendo a las 4:00 a. m., puedes encontrarla corriendo por la Ciudad de Nueva York. Y es exactamente así de divertido como parece.

 

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